¿Cómo traducir literatura?

Para poderse aproximar uno a los problemas que surgen de la traducción de textos literarios, es imprescindible dar cabida en la intención del autor al concepto de lo literario. Para aquilatar la traducción literaria deben poderse perseguir los mismos hitos a los que aspira un texto no informativo. Yo creo que coinciden en la catársis del lector, que emplaza a este en un estado de desconcierto, inestable, en el que se ve expuesto a sus propias incongruencias. Para escapar a éstas recurre de nuevo a las palabras ambiguas que esconden la imagen especular de uno mismo, en la comprensión definitiva, por fín vertebrada. Con el uso de esa herramienta con la que el sujeto amuralla su vertiginosa cotidianidad para que no se le escurra entre los dedos, juega la literatura a sugerir la participación individual de cada uno en la dependencia recíproca entre las palabras y la realidad. El discurso abandona una escolta devota a lo referido, esa cara de la palabra que es tangible, para surcar los derroteros de la asociación de ideas afines en tanto a sonoridad o historia compartida, deslabazadas en cuanto a dominios conceptuales, timoneadas por las pulsiones e inhibiciones. Para cobijar en la versión volcada al mismo espectro que se tantea sin nombrarse en el original, se debe atender al ritmo, a la aliteración, a los tropos, a los cambios de registro, al reparto de los acentos, y al de la enjundia narrativa y descriptiva, sin caer en la jitanjáfora ni ahuyentar la melodía hipnotizante. Este reto es lo que, en mi opinión, convierte al traductor en literato que, con las decisiones traductológicas que toma, afronta sus propios miedos a quedar expuesto en la historia, sin poder desprender a su protagonista de sus propias vergüenzas. Para que la hermenéutica del hilo conductor nos siga guiando hasta el Minotauro, la traducción ha de hacer ahínco en una fidelidad extrema. Sólo un San Pedro que haya estado desafiando al visitante con dejarse adivinar de entre el calibrado bosque de columnas de Bernini, puede entumecer a aquél que una vez habiendo logrado atravesarlo queda reducido ante su súbita panorámica. La mayor traición del traductor literario consiste en, por temor a ceder al arrebato de la estupefacción, erguirse en un Mussolini que coarte la impresión con una avenida todoesclarecedora. 

 

Adjunto la colaboración de Jose García Moreno-Torres en clave de aportación matemática a la reflexión acerca de la literatura.

Definición matemática de literatura
Colaboración de Jose García Moreno-Torres
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